miércoles, 30 de mayo de 2007

COSAS QUE SE FUERON

Esta lista va dedicada a la mamá de los pollitos, porque me hizo evocarla con su blog. También tiene un poco de referencia a mi lectura del mes, o del año: Baricco, otra vez Baricco (Esta historia).



- El pan con frijoles antes de la una y media.

- Las rodillas percudidas.

- Fórmula Melódica.

- El chiflido de la cafetera.

- Un estudio improvisado en una regadera.

- Una tarde completa leyendo en el sillón de la sala.

- Las golondrinas en la mañana.

- Un casete grabado con música del radio.

- Caminar con Yamil hasta el centro por horas.

- El café entre las clases.

- El papel lustre.

- Los cuadernos sin hojas limpias.

- Las idas al café Azteca

- .....

miércoles, 23 de mayo de 2007

NUNCA LO LOGRAREMOS

La espera es la madre de este blog. La extensión de cada entrada es el tiempo que paso esperando a que mi jefa se desocupe.... veamos cuánto dura esta espera. Cada vez que cerramos la edición del día, a las siete y media o casi las ocho, depende de qué tantas vueltas le dieron las diseñadoras al esquema o qué tantas vueltas le dimos los esitores a las notas, me pregunto si acaso este será el día en que inmediatamente después nos pongamos a revisar la agenda y podamos estar fuera antes de las nueve de la noche (¡¡¡cuántas cosas haría si saliera antes de las nueve de la noche!!!), pero nuevamente ese no es el día, nuevamente hay otras cosas que hacer, asuntos pendientes y, sobre todo, mucha plática, mucho debraye (término chilango que entró a mi vocabulario en cuanto lo escuché porque me pareció tan bizarro como lo mismo que nombra), como si uno no prefiriera irse a debrayar a su casa, con su gente, uno que tiene gente, pues. Entonces viene la espera. Un rato se me va en revisar correos, en ver si faltó algo por agendar, en quitar eventos de la agenda que ya sé que no se van a cubrir, pero siempre me sobra un poco de tiempo, o un mucho, ni siquiera estoy segura de terminar algo porque en cualquier momento puede venir ella a decir que ahora sí vamos a revisar la agenda, y claro, uno se entusiasma y cree que media hora más, pero no, nada es garantía... es probable que algo se le atraviese en el camino y entonces uno venga de vuelta a su lugar a esperar, o peor aún, que uno se quede ahí esperando a que haga lo que tiene que hacer y que es im-pos-ter-ga-ble, y entonces no queda más que hacer unos rayones en la hoja, leer la agenda sin leerla, darle la vuelta a lo mismo, ver los zapatos de la gente que pasa, pensar en qué vamos a cenar, en si vamos a cenar, en si ya será otro día o seguimos en la misma hora, hasta mirar el reloj y darte cuenta que sí, que pasado media hora, pero no vamos ni en el segundo evento de la agenda. Ahora son las nueve de la noche con seis minutos y no hay para cuándo. Una hora hablando sobre un tema que al final es mío, es de la página de Ciencia y yo no tengo ni idea... ya me dijeron más cosas, será hasta el viernes que la revise, estoy de malas y ahora sí tendré que pararme y exigir mis derechos.

jueves, 10 de mayo de 2007

CRÓNICA DE UN DESNUDO "CASI" INVOLUNTARIO

Desnudarme para Spencer Tunick no era precisamente el sueño de mi vida, ni siquiera encajaba como una leve posibilidad; es más, a lo mejor alguna vez llegué a pensar que era una cosa terrible cada vez que veía las fotos de las instalaciones humanas en otras partes del mundo. Me parece importante aclarar esto porque mi amiga momentánea, que conocí en la fila de la foto y nos convertimos en íntimas por unas horas (no me quedé ni con su correo electrónico), realmente sí lo había pensado alguna vez como una ilusión. Veía las fotos de Tunick y pensaba en que le encantaría formar parte de una de ellas. Por eso fue de las primeras en inscribirse. Yo fui de las primeras en enterarme de la sesión, pero me inscribí nada más para enterarme a tiempo dónde sería la instalación. Cuando mucho se me ocurría irme por ahí a cubrir ese día, vivir la experiencia desde fuera. Eso sí, me preocupé porque hubiera reporteros infiltrados, valientes reporteros, yo no. Pero cuando me llegaron las instrucciones de la fotografía no sé exactamente qué frase me convenció y yo a mi vez convencí a Francisco. Cuando le dije a mi jefa ya no había vuelta atrás, tenía un compromiso, aunque siempre cabía la posibilidad de contar la crónica desde el punto de vista del arrepentido.
Cuando iba para el Zócalo el domingo a las 4:30 de la madrugada comencé a sentirme más confiada. Con nosotros había en el tráfico miles de autos que se dirigían al mismo lugar y cuyos tripulantes miraban hacía todas partes con una sonrisa de complicidad: "Mira, de seguro ese también se va a encuerar, jiji". ¿Qué sería del mexicano sin el último minuto? Allá íbamos todos con nuestras inscripciones en blanco, llenándolas a mano entre semáforo y semáforo, señal de la decisión postergada... "igual y no me animo", "a la mera y no me levanto". Pero el sueño a esa hora se había quedado en otra parte de la ciudad. En el Zócalo lo que había eran gritos y ansias. La fila era enorme, pero nadie protestó. Las quejas vinieron después, cuando a las seis y pasaditas ya no pudieron entrar cientos de personas. Se enojaron al principio, pero no había mucho que hacer, en las instrucciones nos habían indicado que la puntualidad era básica porque el sol no se espera, y Tunick trabaja al ritmo del sol. El borlote de los quejosos nos llegaba apenas, en la cera alrededor del Zócalo estábamos sentados los elegidos, los valientes, los exhibicionistas, los animados... cada vez más ansiosos y platicando unos con otros, exaltando la solidaridad, acudiendo a la risa nerviosa... "nomás falta que nos digan que mejor mañana", "¿y tú por qué veniste?". Las razones eran diversas, pero a la vez una sola: la posibilidad de sentirse liberado, de enfrentarse a su propio cuerpo, de romper tabúes. A mi amiga Mónica hasta la acompañó su mamá y se quedó esperando afuera, pero a otra colega de desnudo momentánea su novio la había terminado nomás por irse a "encuerar" ante un chingo de gente que "te va a estar viendo las nalgas". La verdad es que al principio casi nadie veía las nalgas, el nervio era general, a pesar de que cuando Tunick dio la esperada orden de desnudarse todos aplaudimos y gritamos. A eso íbamos, faltaba más. Pero no por ver nalgas, aunque entre 18 mil personas de seguro había quien sí llevaba la intención de ver no sólo eso, sino penes y senos. El frio de la plancha del Zócalo y airecito de la madrugada le quitó atención a la pena y luego de unos cuantos chistes ya uno iba empezando a echar uno ojo por aquí y por allá, con el ánimo de descubrir el cuerpo del otro que es el mismo, de comprobar que la ropa es la madre de la mamonería. Ahí, en la plancha del Zócalo, todos desnudos y por una hora y media, todos seríamos iguales, literalmente, sin importar si había lonjas o no había nada de nada. Hubiéramos querido hacer una fiesta, pero estábamos ahí para posar y había que escuchar las órdenes que apenas y llegaban o de plano no llegaban, como la de saludar a la bandera, que la conocí hasta que ví las imágenes. Entre quedarnos quietecitos, acostarnos en el piso y ponernos en la posición más incómoda, aconchados con las rodillas en el piso y las nalgas sobre los talones, no faltaban las bromas y las consignas de "Norberto, el pueblo se te encuera" y las porras a los Pumas. Alguno que otro albur, muchas sonrisas y ganas de ir al baño, pero a ver quién se anima a pasar corriendo desnudo hasta un baño público. Luego vino la orden de caminar hacia 20 de Noviembre. Ahí fue cuando nos dimos cuenta que eso de que nomás estaríamos un ratito desnudo era puro cuento para quitarnos la preocupación, la verdad era que estaríamos expuestos por un buen rato, pero más allá de sentirnos vulnerables, éramos una gran masa poderosa, convertida en un río de pieles manipulado por Tunick, capaz de revolcar cualquier prejuicio. Por si no nos sentíamos lo suficientemente cerca, el fotógrafo, que ya para entonces dejaba sentir su desesperación por no dejarse vencer por el sol que subía implacable, nos hizo tomarnos los hombros unos a otros y así, además del visual, establecimos un contacto físico que, por lo menos a mí me quitó el frio. ... continuará

lunes, 7 de mayo de 2007

jueves, 3 de mayo de 2007

LOS PERIODISTAS NO HACEN FIESTA

Por lo menos hoy, porque de que hacen fiesta la hacen, pero hoy todo ha sido recordar que en México los periodistas están en peligro. No te puedes meter con el narco o te atienes a las consecuencias, y tampoco con los galanes de televisión porque te rompen la cara en Garibaldi. A final de cuentas las razones por las que yo me negaba a estar en el periodismo están muy vigentes: los periodistas son una lata, y no todos están dispuestos a aguantarlos; pero finalmente acabé de periodista, pero eso sí, cultural, porque esos no molestan a nadie, esos más bien parece que no existen, si el limbo todavía existiera, segurito que vivíamos ahí...

viernes, 27 de abril de 2007

LOS DECIRES DE SOFÍA// el nuevo

Ayer se festejó el Día de la Santa Cruz, día de fiesta para los albañiles. Obreros de la construcción, según el término políticamente correcto que utilizaría, por ejemplo, Emilio González, uno de nuestros políticos más correctos; o bien "ñiles", término que usaría la gente que quiere hacer empatía y sentirse lindo y buena onda, o incluso los miembros de las barras contrarias al referirse a los chivas de corazón.
Como en cualquier oficio para el que no hay escuela, el aprendiz de albañil se forja bajo la tutela de un "maistro" que le aventaja en experiencia y saber. Así, al rayo del sol, cargando bultos, acarreando agua, perdiendo el manicure y la tersura de la piel y dejando el cabello tan áspero que ni con champú "pelo lindo" se compone, el susodicho aprende lo suficiente como para empezar a ganar un poco de dinero y ser tomado en cuenta.
Si no persiste en el empeño, rodará de un empleo a otro, y cuando no tenga mejor opción, volverá a la obra, pero siempre será al que manden por los refrescos.
En cambio si persiste, ascenderá en el organigrama y en el tabulador salarial, y habiendo pasado por un lapso de aprendizaje constante, esfuerzo, sudor y dedicación, algún día llegará a ser, por fin, "el maistro"."El maistro", el que se las sabe de todas, todas; el que se pone al tú por tú con el arqui o con el inge; el que puede darse el lujo de hacer San Lunes; el que puede llegar tarde; el que escoge la estación de radio que todos han de escuchar, y por supuesto, el que negocia su sueldo y su hora de la siesta.
Una vez llegado a ese punto, "el maistro" elegirá si "se la lleva tranquila" haciendo parches aquí y allá; si se emplea temporalmente para alguna constructora que le otorgue Seguro Social; o si de plano mejor aprende a leer planos y se hace contratista.Ser albañil es un oficio de riesgo y desgaste físico. De repente el trabajo escasea, a veces no es tan bien remunerado como se quisiera, hay días en que sólo se comen gaseosas y pastelitos, justo el día de raya aparecen cantinas que sortear y, para colmo, los charlatanes que nunca faltan desprestigian el oficio; pero siendo un buen albañil, el futuro se tiene en las manos.
Para ser político tampoco hay escuela, en la universidad pueden estudiarse licenciaturas, maestrías y diplomados sobre administración pública, ciencias políticas, gestión, discurso, políticas públicas y demás; pero esa capacidad para colarse a un puesto de elección popular u obtener un hueso no se estudia en ningún lado.
El político incipiente también debe buscarse su "maistro": un político que le rebase en años, experiencia, conexiones y poder. Así, sin trabajo rudo, sin esfuerzo, sin sudor, y como un mero vínculo de beneficencia mutua, "el maistro" acomodará a su pupilo en donde más le convenga. Buen sueldo de por medio, el cinismo y la fidelidad ciega serán parte del aprendizaje.Si el susodicho no persevera, quedará rodando de una plaza a otra; nunca se quedará sin trabajo, pero siempre será al que manden por los refrescos.
En cambio si persevera, ascenderá en el organigrama y en el tabulador salarial, será tomado en serio, se beneficiará con jugosos puestos públicos, se convertirá en "el maistro" de nuevas generaciones y, algún día, a lo mejor llegará a ser el elegido.Una vez llegado a ese punto, no tiene más que despachar. Lo primero es correr a quien le estorbe, aunque haya que pagar liquidaciones o se desperdicie talento; luego, fundar de nuevo la dependencia a su cargo, no importa que no tenga ni la menor idea, para eso contratará asesores a quienes les dirá qué hacer.
Para marcar diferencias con sus antecesores, habrá que olvidar el trabajo ya hecho, desperdiciar lo ya logrado, contratar a sus ávidos aprendices para crear nuevos vínculos de conveniencia, pedir todo nuevo, gastar dinero y no preocuparse si todo sale mal.
Ser político no es un oficio de riesgo ni de desgaste físico. Siempre habrá fondos suficientes para pagar la cuenta en un restaurante que esté a la altura; siempre habrá un vehículo nuevo con tanque lleno y chofer; siempre habrá manera de justificar tus ausencias laborales y tus malas decisiones; siempre habrá dinero para contratar a todos los asesores, que bien podrían estar despachando en tu lugar y prescindir de ti; siempre habrá formas de hacer lo que quieras, pero arguyendo "legalidad"; siempre habrá presupuesto para rectificar grandes errores pasados o futuros; siempre habrá un bono para cuando digas adiós y, lo mejor de todo, siempre habrá un nuevo puesto para ti.
Una vez llegado a este otro punto, no tienes más que volver a despachar. Tal vez antes fuiste regidor y ahora eres Presidente Municipal; quizá fuiste diputado y ahora tienes una dirección; ¿qué importa si antes fungías en la Secretaría del Medio Ambiente y ahora vas a Comunicaciones y Transportes? Si antes no sabías nada de ecología e impacto ambiental, ahora, al menos tienes la experiencia de haber visto tele y hablado por celular; además habrá que darte tiempo, pues como ya sabemos, eres el eterno aprendiz financiado con dinero ajeno.
¡Eso es lo bonito de esta profesión!, aunque, como en todo, siempre habrá charlatanes que la desprestigien; pero eso sí, siendo un buen político, tu futuro está en tus manos.

UN CHELO EN LOS ESCOMBROS

¿Como suena el cemento cayendo?, ¿qué se escucha cuándo un muro de silencio va derrumbándose? Suena a gritos de alegría, a cánticos patriotas, pero también a un chelo tocando música de Bach. La noche del jueves 9 de noviembre de 1989, el muro de Berlín caía entre las manos de los habitantes de ambos lados de Alemania, que celebraban el acontecimiento más feliz de los alemanes en el siglo 20. Entre las risas y los festejos, un ruso, ferviente opositor del régimen soviético, hizo resonar con su chelo algunas suites de Bach, sentado justo en el Check Point Charly, la garita más famosa para cruzar entre los dos berlines. Era Mstislav Leopoldovich Rostropovich, quien falleció el 27 de abril a los 80 años, unos días después de Boris Yeltzin, su amigo y colega de visiones anticomunistas. Para muchos Rostropovich fue el mejor chelista, equiparable con Pablo Casals, incluso mejor; no lo conozco tanto, pero su vida difícil, el exilio, la defensa por la libertad cultural y su enfrentamiento a un régimen seguramente hicieron su obra más grande. Refuerza mi teoría de que los mejores artistas se dan en las peores situaciones. ¿Será que en México estamos por ver de nuevo una gran generación de artistas o seguimos viviendo en la tibieza?